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Correr rápido mejora la capacidad de aprendizaje


Un estudio realizado por un equipo del Centro Champalimaud para lo Desconocido, en Lisboa, Portugal, ha indicado que cuanto más rápido corremos puede mejorar nuestra capacidad de aprendizaje.

Durante el estudio se utilizaron ratones, pero en realidad el hallazgo fue fortuito, ya que el objetivo inicial del estudio era relacionar la plasticidad celular en el cerebro con el aprendizaje. Mientras los roedores corrían en una cinta rodante, los ratones aprendieron a cerrar los párpados, tras respuesta a una luz que brilló momentos antes que recibieran una nube de aire en el ojo (parpadeo reflexivo). Esta es una forma de aprendizaje que tiene lugar en el cerebelo.

Para comprender los cambios celulares en el cerebelo que van de la mano con el aprendizaje, los científicos estaban estudiando una tarea de aprendizaje de condicionamiento clásico, similar al comportamiento condicionado del perro de Pavlov.

Aunque el experimento no funcionó para el primer análisis, los investigadores entendieron que estaba sucediendo, los ratones mutantes que estaban usando no podían correr muy bien; ya que cuando se hicieron los correctivos y se estableció que todos los animales podían correr a la misma velocidad, las curvas de aprendizaje eran similares y había un rendimiento máximo de acondicionamiento de los párpados; determinando que existía un vínculo entre la velocidad y el aprendizaje.

Los investigadores señalaron que “el hallazgo de que los cambios impuestos externamente en la velocidad de carrera son suficientes para modular el aprendizaje (…) proporciona evidencia causal de que el aumento de la actividad locomotora mejora el aprendizaje”.  A través del estudio, el equipo logró demostrar que los ratones una vez habían aprendido la tarea, su posterior realización dependía de la velocidad de carrera.

El proceso neuronal que impulsa la mejora del aprendizaje era independiente del sistema sensorial involucrado, sugiriendo que podría tener lugar después de que las señales sensoriales hayan sido procesadas por áreas visuales, auditivas o táctiles en la corteza cerebral.

Los investigadores refieren, que ahora lo que sería interesante es ver si esto es válido para los humanos, para las diferentes formas de aprendizaje.

Esther R.

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