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El ejercicio físico influye en la microbiota del intestino


Investigadores estadounidenses, específicamente de la Universidad de Illinois y la Clínica Mayo en Rochester, han logrado aportar la primera evidencia científica que indica como el ejercicio físico puede llegar a causar cambios en la composición de la microbiota intestinal de manera independiente a otros factores, como los antibióticos o la dieta.

Estas conclusiones fueron determinadas por el resultado de dos estudios, uno con ratones y otro con humanos, en ambos se evalúo el impacto de la actividad física en la flora bacteriana.

En el estudio con ratones los investigadores trasplantaron material fecal de roedores sedentarios y otros más activos a otros que se habían criado en un entorno estéril y sin microbiota propia. Sin embargo, para el segundo estudio lo que hicieron fue rastrear los cambios en la composición de la microbiota intestinal en un grupo de voluntarios humanos a medida que pasaban de un estilo de vida sedentaria a otra más activa.

El estudio con ratones indicó diferencias entre la microbiota de los ratones receptores en función de si recibieron material fecal de ratones activos o sedentarios. La microbiota de un ratón activo tiene una mayor proporción de microorganismos que producían butirato, que reduce la inflamación y genera energía para el huésped.

El estudio con humanos se llevó a cabo con 18 adultos sedentarios y 14 obesos, que fueron sometidos a un programa de ejercicios cardiovasculares diferentes en tiempos diferentes. Al finalizar los ejercicios fue analizada nuevamente la microbiota; las concentraciones fecales de ácidos grasos de cadena corta (butirato), aumentaron en el intestino a causa del ejercicio, disminuyendo los niveles después que los voluntarios volvieran al sedentarismo.

Los participantes obesos solo llegaron a presentar incrementos modestos en la proporción de estas bacterias. Los aumentos más fuertes se observaron en los participantes delgados, que tenían niveles más bajos de bacterias productoras de ácidos grasos.

Para el profesor Jeffrey Woods, uno de los autores del trabajo, “estos son los primeros estudios que demuestran que el ejercicio puede tener un efecto en el intestino, independiente de la dieta u otros factores”.

Esther R.

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